
La Catedral, gloria que perece
Cuando llegué por primera vez al trabajo y me presentaron a todas las personas del equipo, una de las cosas que más me sorprendieron fue la vista tan privilegiada que tenía ese departamento. De cara a la Catedral de Barcelona, con unos ventanales que dejaban entrar más que claridad. Yo les dije: “¡Vaya qué vista tenéis!”. Ellos asintieron pero con la mitad del entusiasmo que mostré yo. Finalmente, mi mesa es una de las que da de cara a la gran catedral pero me he dado cuenta que, después de varias semanas, no me fijo en la catedral de la misma manera que lo hice la primera vez y eso que la catedral es la misma.
Me sorprende la rapidez con qué las cosas de este mundo pierden su impacto sobre nosotros. Lo rápido que nos dejan de sorprender. De hecho, creo que no hay nada en este mundo que pudiera abrirnos la boca de asombro más que unas pocas veces.
Por eso me sorprende una un versículo de la Biblia que relata una escena futura de aquellos que están delante de Dios viendo cómo es él y no pueden dejar de admirarse día y noche sin que eso les lleve al aburrimiento sino más bien al contrario:
“y día y noche, sin cesar, decían: «¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir!». Cada vez que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: «Señor, digno eres de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas».” (Apocalipsis 4:8-11).
¡¿Qué clase de ser es este que su gloria no perece a los ojos de los hombres?!
Dani
Cuando llegué por primera vez al trabajo y me presentaron a todas las personas del equipo, una de las cosas que más me sorprendieron fue la vista tan privilegiada que tenía ese departamento. De cara a la Catedral de Barcelona, con unos ventanales que dejaban entrar más que claridad. Yo les dije: “¡Vaya qué vista tenéis!”. Ellos asintieron pero con la mitad del entusiasmo que mostré yo. Finalmente, mi mesa es una de las que da de cara a la gran catedral pero me he dado cuenta que, después de varias semanas, no me fijo en la catedral de la misma manera que lo hice la primera vez y eso que la catedral es la misma.
Me sorprende la rapidez con qué las cosas de este mundo pierden su impacto sobre nosotros. Lo rápido que nos dejan de sorprender. De hecho, creo que no hay nada en este mundo que pudiera abrirnos la boca de asombro más que unas pocas veces.
Por eso me sorprende una un versículo de la Biblia que relata una escena futura de aquellos que están delante de Dios viendo cómo es él y no pueden dejar de admirarse día y noche sin que eso les lleve al aburrimiento sino más bien al contrario:
“y día y noche, sin cesar, decían: «¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir!». Cada vez que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: «Señor, digno eres de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas».” (Apocalipsis 4:8-11).
¡¿Qué clase de ser es este que su gloria no perece a los ojos de los hombres?!
Dani






1 comentarios:
Buena pregunta que clase de ser es este..Pues quiza en nuestra limitada mente no tengamos esa respuesta...Porque su grandeza sobrepasa nuestras espectativas...Bendiciones
Publicar un comentario en la entrada