lunes 30 de junio de 2008



Temor a la muerte

El conocido periodista y presentador de televisión Xavier Sarà, concedió la pasada semana una entrevista al diario La Vanguardia, imagino para dar bombo a su nueva novela Eros, Thanatos y su puta madre (Planeta) es un libro disparatado donde Sardá vuelve a inventarse otro mundo para ridiculizar un concepto, a priori tan solemne como es la muerte. El mismo Thanatos que a él le tocó vivir desde muy joven con la muerte, primero de sus padres, y más tarde de su hermano. La misma muerte que ahora intenta ridiculizar dotándola de situaciones paradójicas y de mucho Eros.

Es muy curioso ver cómo los humanos intentamos ridiculizar aquello que tememos. Pero no es la ridiculización de nuestros temores lo que nos salva de ellos. ¿A caso nos salva la ridiculización de la muerte de expirar y que se pudran nuestros cuerpos?

A la pregunta de si nos podemos tomar la muerte en serio, Sardà responde: “No, mejor no tomarla en serio”. En esta contestación está la razón por la cual el ser humano encuentra tan pocas respuestas sobre el misterio de la vida. Se burla de aquello que no puede vencer.
Tomar en serio la muerte es un compromiso tremendo que lleva al individuo a hacerse preguntas muy serias sobre la propia existencia pero la solución a ello no es tomarla en broma. ¿Hasta cuando vamos a estar burlándonos de aquello que no podemos vencer!

Y ¿quién podrá salvarse de la muerte? A ésta misma pregunta respondió Jesús: “Lo imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc.18:27). Y Dios lo hizo posible a través de Jesucristo: “A éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis, a quien Dios resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte…” (Hch.2:22-23).

¿Te das cuenta? Si hay uno que venció a la muerte, ¿a caso no vale la pena conocerle?

Dani

domingo 15 de junio de 2008


La Catedral, gloria que perece


Cuando llegué por primera vez al trabajo y me presentaron a todas las personas del equipo, una de las cosas que más me sorprendieron fue la vista tan privilegiada que tenía ese departamento. De cara a la Catedral de Barcelona, con unos ventanales que dejaban entrar más que claridad. Yo les dije: “¡Vaya qué vista tenéis!”. Ellos asintieron pero con la mitad del entusiasmo que mostré yo. Finalmente, mi mesa es una de las que da de cara a la gran catedral pero me he dado cuenta que, después de varias semanas, no me fijo en la catedral de la misma manera que lo hice la primera vez y eso que la catedral es la misma.

Me sorprende la rapidez con qué las cosas de este mundo pierden su impacto sobre nosotros. Lo rápido que nos dejan de sorprender. De hecho, creo que no hay nada en este mundo que pudiera abrirnos la boca de asombro más que unas pocas veces.

Por eso me sorprende una un versículo de la Biblia que relata una escena futura de aquellos que están delante de Dios viendo cómo es él y no pueden dejar de admirarse día y noche sin que eso les lleve al aburrimiento sino más bien al contrario:

“y día y noche, sin cesar, decían: «¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir!». Cada vez que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: «Señor, digno eres de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas».” (Apocalipsis 4:8-11).

¡¿Qué clase de ser es este que su gloria no perece a los ojos de los hombres?!

Dani

miércoles 14 de mayo de 2008

"¿Crees esto?"

Recuerdo que en uno de los últimos artículos que escribió mi padre comenzaba así: “Me gustó el comentario que hizo un agnóstico sobre un creyente que hablaba de su fe en Dios y en su Hijo Jesucristo: ‘Lo que dice suena extraño, pero se ve que no es un idiota’”.

Está muy claro que aceptar en Evangelio requiere fe, pero eso no significa que sea un mensaje incoherente. De hecho Dios mismo, antes del nacimiento del Mesías, ya había establecido cuál era el medio para que el ser humano adquiera la vida eterna: “Mas el justo por la fe vivirá” (Habacuc 2:4).
Pero fue después de Cristo que conocimos que el justo vivirá por la fe “en Jesucristo” (Romanos 3:22), y este es el misterio que se nos ha dado a conocer en este tiempo. No debemos perder de vista que la revelación de Dios es sobrenatural, no absurda. Sería absurda sí no pudiendo cumplir con lo que nos pide decidiéramos por nosotros mismos salvarnos “por fe”, pero el caso es que Dios ya ha establecido de antemano que la salvación es única y exclusivamente a través de la fe, y de la fe en su Hijo Jesucristo.

Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá; y todo aquél que vive y cree en mí, no morirá jamás”. ¿Entiendes esto? Probablemente tu respuesta sea no, pero la pregunta de Jesús después de decir esas palabras fue la siguiente: “¿Crees esto?”

Dani

miércoles 30 de abril de 2008


Nacidos del YO

Hoy me he encontrado con un buen amigo en la universidad. Mientras se encendía un cigarrillo me contaba que el día anterior por la noche estuvo orando a Dios y pidiéndole algo muy especial que le interesaba obtener. Pero también me confesaba que se sentía egoísta porque las pocas veces que se dirigía a Dios era siempre para pedirle algo que tenía que ver con sus propios intereses.

Cuantas veces (incluidos los creyentes) cometemos el error de confundir a Dios con el genio de la lámpara mágica. Alguien que simplemente está allí para sacarnos de nuestros apuros y darnos aquello que deseamos cuando esa falta nos hace sufrir. Pero en estos casos, si nos damos cuenta, no estamos hablando con un Dios omnisciente sino con un proyecto de dios sometido a servidumbre en la cual nosotros, evidentemente, somos su amo. Francamente cuesta creer en un Dios así, será un genio, pero está dentro de una lámpara.

Cuanto al sentimiento de culpabilidad que tenía mi amigo al ver su mísera condición egoísta debo decir algo en su motivación y defensa: ¿Qué es más egoísta, dirigirnos a Dios aunque sea para que se haga notar que sólo pedimos lo que nos interesa, o simplemente, vivir de espaldas a Dios sin reconocer que hay un SER que está por encima de todas tus aspiraciones?
Por tanto, si reconoces que tus oraciones son siempre de carácter egoísta sepas que ahora, ya eres menos egoísta que cuando no te dirigías a Dios.

Y si por nuestras oraciones y peticiones a Dios vemos nuestra miseria ¿qué diremos? ¿A caso puede haber arrepentimiento sin conciencia de maldad? Y ¿a caso puede haber perdón sin arrepentimiento?

Por lo tanto no nos desanimemos al ver que somos egoístas por naturaleza sino celebremos que se nos ha dado a conocer un misterio que, aunque parece claro, no todo el mundo ve.

ÁNIMO.

Para deberes… leer: 1ª Juan cap. 1 vers. 8 y 9.



lunes 14 de abril de 2008


¿Qué es para ti el amor?

Hace unas semanas fuimos a hacer unas entrevistas a la calle para un trabajo de la universidad que tenía que ver con “los sentimientos”, tema principal de la grabación. La pregunta que hacíamos a los entrevistados era la siguiente: ¿Qué es para ti el amor?

Las respuestas fueron muy variadas pero podíamos ver una clara diferencia entre las respuestas que daban los experimentados en años y las que ofrecían los jóvenes y personas de mediana edad. Sin entrar en esta apreciación, quiero hacer mención de dos de las respuestas que dieron, la de una chica universitaria y la de una madre joven de unos treinta y tantos, que llevaba a su pequeño en un cochecito.

En primer lugar os digo la respuesta de la chica más joven: “para mí el amor nunca es eterno”. ¿Qué os parece? ¿Qué podemos decir ante esto? ¿A caso le falta razón? No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que esta chica solamente ha tenido que echar un vistazo al mundo que le rodea (y tal vez al suyo mismo) para acabar concluyendo que efectiva o afectivamente, el amor no es eterno. Cualquier persona que dedique unos segundos a observar la fidelidad que hay entre las relaciones de nuestro entorno se dará cuenta de que es cierto, hay poco amor duradero en nuestra sociedad.

Pero ahora déjame decirte cuál fue la respuesta que dio la segunda joven, ahora con un cochecito y su hijo en él: “para mí el amor es mi hijo”. ¿Alguien se atrevería a preguntarle si su amor hacia su hijo no es eterno?

Mi padre me decía que nunca sabría qué es amar a un hijo hasta que lo tuviera. Y ¿sabéis qué? Aún no he tenido ninguno, pero le creo.

Muchas veces seguimos diciendo de todo contra Dios haciéndole responsable de todas nuestras miserias y desgracias pero ¿sabes qué creo que hubiera respondido Dios si le hubiéramos hecho la entrevista a Él?

- Para mí el amor es mi Hijo.

Dani


martes 18 de marzo de 2008


¿Correr tras el viento?

En el año 980 a.C. hubo un rey que era poderoso sobremanera, se le conocía y reconocía por su gran sabiduría, y sus riquezas eran inabarcables, vaya, que tenía todo aquello que pudiera desear un mileurista atrapado por la hipoteca de su acogedor metro cuadrado.

Pero este hombre dijo una frase muy interesante: “¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol? […] He visto todas las obras que se han hecho bajo el sol, y he aquí, todo es vanidad y correr tras el viento” (Eclesiastés 1:3/13).

Buena pregunta…, en primer lugar gracias Salomón ¡ahí queda lo dicho! Pero en segundo término, lo que es bien curioso es que cuestionamientos de este tipo los solemos hacer las personas de economía modesta para abajo, que no tenemos “nada” que envidiar a los que se suenan con billetes ¿a que no? ¿O sí?

El caso es que éste personaje histórico le da la vuelta a la tortilla y dice que su sumo poder y la abundancia de riquezas al final sirven de poco. Pero ¡cómo se atreve! Por favor… ¡Cuál es tu problema Salomón! vamos a ver… ¿Alguno se anima a enseñarle qué hacer con tanto billete? ¡¿Lo tengo que hacer yo?!

O… mejor no. No será necesario, ya no está entre nosotros. Ni tampoco su imperio. Ni su riqueza. Ni sus tierras. Ni su reino.

…lo que decía, correr tras el viento.

Dani

miércoles 22 de agosto de 2007

Si tienes oídos para oír, ¡oye!



Un amigo me contaba en el trabajo que la semana pasada fue al museo minero de Asturias. En la visita guiada se metieron en una especie de cueva o túnel y el guía del grupo les introdujo en la historia a través de esta frase: “representa que estamos a unos 600 metros bajo tierra…”. Después de decir esto les enseñó como funcionaba la mina a esas profundidades.
Lo que le sorprendió a mi compañero fue que al acabar la visita y salir por la puerta al exterior hubo mucha gente que, habiendo escuchado al guía, decía: “¡Ay! ¡Qué rápido hemos salido no? ¿No estábamos a 600 metros bajo tierra?”. ¿A caso la gente no había escuchado al guía cuando dijo “representa”? A pesar de lo que habían escuchado, muchos de ellos siguieron creyendo que estaban a 600 metros de la superficie.

Por naturaleza diremos que es absurdo creer a Jesús, por falta de evidencias, claro. Pero luego somos capaces de ir a una mina y, aunque nos adviertan de lo contrario, creer que estamos bajo 600 metros; o también podemos leer El Código Da Vinci y, aunque Brown nos diga en el prólogo que su relato es una novela, seguir empeñados en que lo que se expone es la verdad de todo. En ambos casos rechazamos las evidencias. Y las primeras evidencias son la palabra del guía y del autor.

Tengo una idea: ¿por qué no empezamos por leer y atender a las palabras del guía y el autor?

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